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miércoles, 2 de febrero de 2011

Una estrella con un rumbo diferente [El sur, 1982]

El Sur (1983) es un poema nostálgico que nos habla de la soledad, de amores olvidados que vuelven a renacer y de ese dolor silencioso e interior que siente Agustín (un increíble Omero Antonutti) al tener que llevar una vida muy diferente a la que soñaba. Su hija es la estrella que le guía en su camino, el único punto brillante de una vida que no ha sido como esperaba. Pero la estrella comienza un camino por separado. La joven va madurando y comprendiendo lo que sucede y lo que ya ha pasado. Comprende la fuerza de los recuerdos de su padre, de su memoria, de todo aquello que ya ha olvidado y que tanta importancia ha tenido para él: el sur. Un lugar que sólo conoce gracias a recuerdos, postales, dos ancianas, rumores… un lugar idílico y desconocido para ella, más allá de “la frontera”. Un nuevo destino para esa estrella que lleva un rumbo diferente.

Víctor Erice dirige su segunda película de forma muy íntima y tranquila, dedicando tiempo a la observación de todos los detalles y con planos muy cuidados. Todo ello acompañado de una preciosa fotografía en el que el uso de la luz y la composición parece transformar la imagen en pantalla en auténticos cuadros de museo. Las luces están usadas de forma iconográfica, resaltando las emociones y la fuerza de los gestos. Un gran trabajo estético y de dirección que da como resultado una de las películas más cuidadas de la historia de nuestro país.

Iñaki Mayora

Una mirada hacia el sur, hacia el interior del personaje [El Sur, 1982]

El director de El Sur, Victor Erice, consigue un filme que nos lleva la mirada hacia un sur que es el interior de los personajes. Es decir, así como muchas películas se dirigen en una dirección, Erice quiere ir en sentido contrario, quiere llevarnos hacia el otro lado, quiere acercarnos del lado de la cotidianidad, donde las grandes acciones no son las que sostienen la historia, sino lo son las pequeñas, las delicadas, las que realmente importan a la joven protagonista. Esta niña que lucha por descubrir, acercarse y desentrañar el hermético mundo de este héroe que tanto le despierta admiración, su padre.

La atmosfera tan elocuente que consigue Erice, sólo es posible por su manejo del paso de la luz, del paso del tiempo, del ritmo interno que tienen los personajes quienes se expresan por acciones, también, internas.

Dos aspectos a resaltar, la ambientación que hace muy creíble la historia y la desenvoltura con que el director puede narrar una historia de ritmo lento, pero sin dejar de usar un lenguaje ricamente cinematográfico. Como en el caso de aquella elipsis, donde la protagonista viaja, crece, se va, y retorna en un abrir y cerrar de ojos, como lo diría cualquier padre que piensa en lo rápido que ha crecido su hijo. Por cierto una de las elipsis más elogiadas del cine.

Sencillo, elocuente, conmovedor, pero sin caer en el dirigismo.

Juan Camilo García