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martes, 22 de marzo de 2011

Demasiado cercano [Historias mínimas]

Historias mínimas es una road-movie desasosegada. Tres historias, pequeñas, de personajes sencillos con motivaciones “mínimas”, emprenden el mismo camino. Los tres recorren la misma carretera rumbo a la misma ciudad: San Julián.

Al principio de la película nos sorprende la fotografía y dirección artística. Parece que esas grandes llanuras estén perfectamente diseñadas. Los colores y grandes espacios ayudan a crear un ambiente de soledad reforzado por el escaso diálogo. Y aunque percibimos soledad, distancia, también notamos una gran humanidad. La presencia de actores inexpertos contribuye a que la historia se acerque más al espectador. Los personajes, por esa sencillez en sus papeles y formas de actuar calan en nosotros. Con cada mirada nos sentimos interpelados.

La historia, sin embargo, avanza con lentitud. Esa lentitud quizás más marcada por tratarse de “historias mínimas” en las que no hay grandes conflictos ni proezas. Los personajes son personajes, no ya héroes; son personajes como tú y yo. Y es esa vida cotidiana lo que quizás aleja a la película del espectador. Demasiado sencillo, demasiado cercano.

María del Rincón

Esa dulce sensación [Historias mínimas]

Tres viajes paralelos: Don Justo, María Flores y Roberto. Tres historias muy simples pero bien contadas. Muy distintas pero con un objetivo similar: dar un paso para encontrar la felicidad personal. Tres generaciones diferentes con historias que aparentemente no nos interesarían pero que el director, Carlos Sorín, consigue que nos importen. Queremos que todos alcancen lo que buscan, que consigan dar ese paso para conseguir la felicidad y que este no haya sido en falso. Sabemos que sólo es un pequeño paso, pero queremos que lo consigan, que puedan saborear esa dulce sensación.

Cada uno busca algo muy distinto: un perro, la participación en un concurso de poca monta o la tarta perfecta para el hijo de una clienta a la que ama. Objetivos simples y cotidianos, pero con los que se consigue humanizar esta película en la que los héroes son tres personas corrientes, como nosotros, con sus sueños y sus miserias.

Carlos Sorín dirige esta road movie de personajes, donde la atención se centra en ellos, interpretados por personas corrientes (sólo Javier Lombardo, Roberto, es actor profesional), lo que le otorga un mayor encanto y sencillez. Dirigida de forma intimista y acompañada de una fotografía realista, Sorín consigue la credibilidad de esta pequeña (gran) película en la que la sencillez de las historias y su carga humana consiguen ganarse el cariño de los que la hemos visto.

Iñaki Mayora Olcoz