En También la lluvia Icíar Bolláin, guión de Paul Laverty mediante, consigue hilvanar perfectamente dos historias que trascienden sus tramas para unirse en un único argumento: por mucho que pase el tiempo, los hombres somos capaces de seguir cometiendo las mismas barbaridades. A través de un relato metaficcional se enlazan las historias –basadas en hechos reales- del descubrimiento de América y la Guerra del agua sucedida en Bolivia en el año 2000.
La convergencia de estas tramas para que desemboquen en una misma denuncia sólida y consistente no es fácil, pero se logra gracias, en gran medida, a un personaje clave: Daniel/Hatuey. Éste encarna a un rebelde indígena en la película y al rebelde real que lucha por el agua en Cochabamba, siendo el impulso y la esencia de su actuación el mismo, pese a existir entre ellos 500 años de diferencia.
Cabe apuntar que la evolución de los personajes resulta un tanto brusca, pues no se dan suficientes pistas para que el espectador aprecie un cambio paulatino y se haga cargo de la transformación final, principalmente en el caso de Costa y Sebastián. No obstante, esto hecho puede estar motivado porque no importa tanto recalcar la dimensión que alcanzan, sino hacer hincapié en el conflicto social; podría decirse que se sacrifica el ahondamiento en las personalidades en aras de una causa mayor como es la denuncia de una situación.
Por esta misma razón, quizá también la trama de la producción de la película queda desdibujada, porque la historia que realmente importa es la que se deriva de la confluencia de la Guerra del agua con el descubrimiento de América. Con todo, También la lluvia es una buena película que logra su objetivo y nos abre los ojos juzgando el presente desde una perspectiva histórica.
Alicia Rivera
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